jueves, 26 de junio de 2014

La “Zona de Tolerancia”, el lugar donde no hay Porvenir

Los habitantes de la colonia El Nuevo Porvenir, donde se encuentra la “Zona de Tolerancia”, aseguran que los problemas de seguridad son mínimos y que hay necesidades básicas que realmente no se atienden, como el sistema de agua potable.

Colonia El nuevo Porvenir. Imagen de Edgar Gamiño
Pareciera que por pertenecer a la zona conurbada, esta colonia, cuyo nombre suena a sarcasmo, es uno de los lugares más inseguros de Ocotlán. Es El Nuevo Porvenir, ubicada al oriente del municipio. Entre el río Zula y Avenida de los Maestros corren las calles Flor de Azucena y Violeta, las únicas dos arterias viales del lugar. La calle Ramón Corona cruza con ambas vías y funge como la división aparente entre el olvido y lo que se va desarrollando.

De un lado el pavimento permite el paso perfecto para quien transita, pero al llegar al otro, comienza la interrogante entre si seguir en el camino o ahí detenerse, pues tanto el peatón como el automovilista tendría que lidiar con centenares de charcos y una gran cantidad de lodo.  Es en el flanco rezagado donde se concentran el olvido de las autoridades y las quejas nunca escuchadas de los vecinos. Donde de día entra el morbo y de noche el vicio placentero que despierta la llamada “zona de tolerancia”, un perímetro de bares que al amanecer luce desolado, pero que al momento del ocaso se prepara para una jornada más del ambiente nocturno cotidiano.

La entrada a la zona es vigilada por un oficial de la policía municipal. Relata lo que él testifica todos los días. 

No quiere proporcionar su nombre, tampoco quiere que su voz sea grabada.

Contempla el ambiente mientras cuenta que literalmente, es un mundo bajo. Indica dónde viven la mayoría de las sexoservidoras, unos departamentos en condiciones deplorables. Asegura que la vida de las trabajadoras es triste. Algunas van para sobrevivir y llevar el pan a casa, pero otras se dedican a eso sólo para introducirse al mundo de la adicción.

En tono quebradizo platica que a veces hay problemas entre ellas, por dinero, por clientes, por drogas. El gendarme se estremece más cuando recuerda que los niños son parte del contexto. Él es partícipe directo cuando un niño se acerca a la zona y pregunta por sus madres, pero en muchas ocasiones ellas ya están bajo los efectos de alguna sustancia tóxica. Dice que los niños son los que más problemas cargan al estar enrolados en esa vida. Algunos estudian, otros sólo están en la calle. Es todo lo que dice, él sólo cuida la puerta y vigila el orden.

Una de las sexoservidoras detalla  cómo es la vida en ese lugar. Hace poco que llegó a ese sitio, no más de cuatro meses. Accede a hablar, pero demuestra vergüenza y miedo. No dice cómo se llama pero confiesa sin temor que tiene tres hijos, de doce, once y diez años respectivamente. Explica  que por seguridad no se preocupan, ya que entre los mismos vecinos se ayudan para tener una colonia tranquila.
Inserto: “El tiempo que yo tengo aquí viviendo, apenas tengo cuatro meses, tanto en el día como en la noche yo veo tranquilo, no veo relajo. Aquí entre todos los vecinos nos echamos la mano. Hay clientes que son tranquilos, hay clientes que son muy agresivos. Los mismos patrones nos defienden cuando se quieren pasar con una. Yo no convivo con ninguna de las que trabajamos aquí, siempre me ha gustado andar sola”.

La calle Reforma aloja en tan sólo 50 metros una cremería, una pequeña finca donde habita un señor que recicla basura, un puesto de tacos y la “zona de tolerancia”. El problema de la colonia no es lo último, sino el negocio de reciclaje, pues el dueño de la finca es un señor que sobrevive de eso, pero los desechos se acumulan casi a media calle. Una comerciante del lugar sostiene el argumento de la sexoservidora, la seguridad no es prioridad, hay otras necesidades básicas que el gobierno nunca atiende, como el servicio de agua potable, que rara vez es óptimo para los colonos.

“Estamos sin agua. El agua la tenemos un poco rato, muy noche o en la mañana. Diario hemos tenido un problema muy serio y discusión porque cuando se empezó a fincar Infonavit  nos quitaron totalmente el agua. Ahorita lo que hacemos, bajamos las alas y no hacemos mucho caso, ¿por qué? Porque no hemos visto respuesta de nada”.

El mal concepto que tiene  la colonia El Nuevo Porvenir es debido a la famosa “zona de tolerancia”, pero al recorrer las calles y entrevistar a los pobladores, las quejas abundan no por el sexoservicio o la falta de seguridad, sino por la desatención que, dicen, han recibido de parte del gobierno desde hace mucho tiempo.

Edgar Gamiño

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